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lunes, 3 de octubre de 2016

La ilusión de la Paz, entre el Sí y el No

Ayer no fui capaz de salir a votar; fue una decisión de última hora pues días antes estaba firme en mi derecho pero por un desacuerdo y una molestia en mi corazón esa firmeza se cayó. Seguro que la publicidad del Sí me mostró que la táctica del miedo funciona, y aunque ya tenía mi decisión, empecé a decirle a todos que votaran por el Sí, para acabar con una guerra que por más de medio siglo hizo tanto daño, tantos miles de colombianos y extranjeros secuestrados o muertos, tantas vidas, naturaleza y fauna destruida, pueblos, historias bonitas, casas, monumentos, niños perdidos, mutilados y huérfanos.

Yo quiero que se acabe la guerra. Lo imagino desde pequeña, cuando vivía frente a la Base aérea, cuando aviones del ejército con sonidos estruendosos pasaban tan cerca y pensaba que podrían ser bombarderos sobre mi cabeza. Siento con dolor en el alma lo que muchos en realidad han tenido que sufrir con esta tragedia. Cuando dicen que yo no viví la guerra vienen a mi esos recuerdos de lo que yo también he sufrido por ella, he llorado horas enteras solo imaginando la crueldad de los hombres con sus hermanos, sus abuelos, sus mujeres, sus niños. Crecí viendo películas que muestran la realidad de la violencia, siempre adicta a las noticias con ganas de saber más de las victimas, quién los adoptó, quién los ayudó, siempre con la impotencia de no saber qué hacer ni con quien contar.

Tristemente la guerra con las FARC no es la única que tiene Colombia, la guerra es más grande y existen otros grupos que también involucran a los que se muestran buenos, con su apariencia de valientes defensores de los derechos, cuando en realidad piensan sólo en ellos. Hay gente mala que se camufla entre los buenos, que logran vivir entre nosotros y de muchos colores y formas se inventan los pleitos. No quiero vivir en guerra, desde niña le he tenido miedo, yo también crecí viendo el noticiero, ya he vivido casi 40 años y hoy no quiero seguir viendo eso. No es eso lo que quiero.

Días antes iba a votar por el No porque veía dos o tres puntos injustos del acuerdo, pero tuve temor de la guerra, de pelear sólo por palabras mal escritas, sin embargo, con el ánimo de compartir con alguien más, escribí lo que pensaba de la letra y se inició la guerra... Lo que más temía. La mayoría que me discutían eran los del Sí, haciéndome sentir como una ignorante cuando se referían a mis comentarios; atacándome como si me faltara el intelecto que ellos Sí poseían, la mayoría lo hacía así, con una que otra excepción de los simpatizantes del Sí que me respondía de forma verdaderamente pacífica; yo agradecida por los corazones sinceros que durante la campaña me respondieron con la verdad muy decididos a confiar en la Paz, lograron que me motivara por el Sí.

No podía perder la oportunidad de votar para que el Sí cumpliera su fin principal y se firmara la Paz, para que se acabara el dolor de la guerra sin importar los acuerdos, pero desde el gobierno empezaron con su campaña del miedo, amenazando con una guerra urbana que nos destrozaría, con algunos videos aterradores de muerte y bombardeos. Esta vez No me dio miedo, la memoria me trajo recuerdos de dolores pasados, me molesté mucho y como ya parecía convencida de mi voto por el Sí, decidí seguir con la campaña y compartí el primer video diciendo que el Sí era la opción para que No nos mataran a todos, lo triste es que recibí la aprobación de algunos partidarios que aplaudían mi decisión, no aguanté hacer lo mismo y lo quité.

Pienso que hay algo que le puede servir a este país y es que la gente demuestre lo que realmente es, lo que tiene en el corazón, que no engañen a nadie con fachadas y mentiras para lograr sus propósitos egoístas. No fui capaz de votar ni por el Sí ni por el No, al atardecer del primero de octubre lo decidí. La mañana del 2 de octubre quise consultar mi cédula sólo por curiosidad, porque me contaron de algunos que aparecían muertos por problemas con la página de la Registraduría Nacional. En mi consulta no tuve resultados, entendí que algo tenía que renovar, que lo que ha de ser será y que pase lo que pase todo servirá para mejorar, para encontrar la verdad, conocer los corazones y ver el fruto del perdón, LA PAZ.

Que ganara el No sería una buena oportunidad para revelar corazones y efectivamente ganó, por muy pocos votos pero ganó. Entonces fue cuando conocí a mucha gente. Unos con insultos, humillaciones, malos tratos; otros con humildad, respeto y sensación de dolor. Ahora Timochenko insistiendo en el dialogo y la paz, otros que después de haber pedido debates ahora no quieren sentarse a conversar.

Dónde está el espíritu de la Paz? Creería yo que ese No ahora nos permitirá mejorar, conocer al que realmente busca la paz y que los acuerdos se piensen para ayudar al hambriento, al sediento, a los que sufren, a los que tienen temor, a las viudas y a los huérfanos, a los mutilados, a todos los dolidos por tanta maldad. La Paz no debe ser para manipular, dominar, premiar o pretender cambiar ideologías en la mente de la gente.

Ojalá existan mecanismos de participación con las tecnologías de la comunicación, con eso, participar puede ayudar para no perder más tiempo en este conflicto por la Paz. Es cuestión de ajustes, justicia y verdad, Seguro que el corazón bueno se conocerá y el amor verdadero reinará.

Sigo con la ilusión de vivir una Colombia en Paz. AMÉN.

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